miércoles, 23 de abril de 2008

El espejo

Manuel estaba sentado en una cama, pensado en como había llegado allí, a estar con aquella mujer, que no era ni muy guapa, ni muy fea, una chica del montón. Decidió no despertarla para preguntar por el baño, ya que prefería irse antes de que despertara, no fuera a ser todo un mal sueño. En aquel pequeño piso estuvo buscando donde estaría el baño, quería despejarse.



En cuanto lo encontró, abrió el grifo, mojó las manos, y se echó todo el agua que pudo en la cara para despejarse. Se miró en el espejo la imagen que le devolvía y vio un joven de veintipocos que aparentaba treintamuchos, con una cicatriz en vez de labio, con una cara cetrina, culpa de sus muchos excesos, culpa de todo aquello que sentía que pensaba haber dejado mucho tiempo atrás, esa sensación que pensaba que no sintiera desde aquella vez...una alarma, la dosis de dodiravodina, tener que tomarse aquello cada 8 horas por culpa de la última pastilla, acostarse aquella noche sin protección los problemas que le acarreó...



Tras la dosis siempre le entraba el hambre, asi que se fue a la cocina, abrió la nevera y buscó algo dulce, o que le apeteciera en ese momento, cuando oyó una voz detrás suya:

-Migui, ¿que te pasa?¿No te atreves?



Cerró los parpados, para al volver al abrirlos se encontraba delante de un espejo, un espejo con tres marcas blancas en el centro y él mirandose con el tubito de plata en la nariz...

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